Boca y River, más que un solo partido, es magia

Rodrigo Rengel – Pasión x El Deporte.- Muchos consideran el fútbol un simple juego que no significa más de ahí, un juego. Pero muchas veces no ven la pasión y el corazón que implica ser fanáticos de este deporte y las cosas que te lleva a hacer por la emoción en momentos como el que vivió Gabriel Portillo, en Argentina.

Un trabajor más en la seguridad de estadio del Boca Juniors, La Bombonera, pero que tendría que laborar en uno de los partidos que cambiaría el rumbo de su vida, donde su corazón estaría encontrado, debido a que, disputaba el partido el equipo de sus amores, el River Plate y por el otro lado su «feina» como dirían en Catalunya.

Un clásico más en la historia del fútbol Argentino, pero este sería el sexto partido entre ellos en Copa Libertadores, en los últimos 4 años, siendo River el dominador en todas las series. Los millonarios llegaban a casa de su rival con el marcador a favor 2 goles por 0, buscando cerrar la clasificación a la final de copa.

Desee temprano comenzaban los preparativos de seguridad que amerita un encuentro de esta magnitud, Portillo con la emoción que tendría cualquier fanático del conjunto de la capital. Los colores azules y amarillon pintan las gradas de la mítica Bombonera, la efusión de ambas faniticabas desborda en los palcos.

Pitazo inicial y arranca el partido, uno que se jugada en el campo y otro en la cabeza de Gabriel, se aceleran las pulsaciones mientras rueda la pelota. Un juego donde Boca buscaba y generaba todas las oportunidades de peligro más importantes del encuentro, pero no conseguía subir al marcado. Culmina el primer tiempo y descansa la afición del millonarios, mientra que se desespera los fans locales. El hombre de seguridad distrae su mente y se coloca a laburar y vigilar las gradas olvidando su pasión por tan solo 15 minutos.

Se prepara todo para la segunda mitad de la eliminatoria, 45 minutos le restan al xeneize para logra la remontada, el mismo tiempo l queda de sufrimiento a Portillo desde el mejor asiento que podría tener para ver al equipo de sus amores. Balón en el centro y empieza la segunda mitad, con un compás idéntico a la primera parte, los azul y oro buscan, hasta que el minuto 80′, el joven ariete venezolano Jan Hurtado, rompe las redes y revive una esperanza que estaba enterrada. De aquí en adelante, el nerviosismo invade al seguridad que no sabe si ver el encuentro o cumplir con su trabajo.

Se acerca el final del encuentro, el árbitro permite que se juegue 6′ minutos más de clásico, pero las oportunidades acaban, pita el colegiado y River consigue su segundo final consecutiva superando a su eterno rival pese a haber perdido 1 a 0 de visitante. Acaba el 11 contra 11 en el campo y culmina el 1 frente 1 en la cabeza de un fanático y apasionado del deporte rey. La felicidad es incontrolable, el amor al club mucho menos y Gabriel lo invade la emoción, ya perdido el encuentro en su cabeza y en u corazón, el seguridad se lanza a abrazar a los jugadores que le dieron la gloria, sin pensar en las consecuencias que esto le acarrearía, pero muchas veces la pasión puede más que el raciocinio.

Al finalizar toda la organización del partido, el hombre argentino feliz por el resultado, recibe la noticia que derrumba la satisfacción que era el haber visto a su equipo llevarse la gloria; la directiva le notifica que fue despedido porque no pudo mantener su pasión de hincha al lado para cumplir con sus labores. Después de ser una noche de gloria, pasó a ser de penumbra, por dejarse llevar por lo que significa el fútbol, por sentir los colores en el alma.

Hoy, el padre de una nena de 3 y un pequeño de 14, vuelve a recibir una alegría más del conjunto de su vida, debido a que, el presidente de la entidad rojiblanca Rodolfo D’Onofrio, tomó la decisión de que las segundas oportunidades existe y que todo lo que sea por el amor a River es perdonado, el cabeza del equipo de Buenos Aires, le ofreció empleo a Gabriel con la entidad que hace vida en el Momumental de Argentina. Sentimientos encontrados en el fanático de River, que solo reacciona con una frase, «Una alegría enorme», después un silencio, que seguía de un llanto de alegría para este amante del fútbol.

A veces, el deporte va más allá que una pelota y 22 jugadores corriendo detras de ella, el color del equipo se siente y retumba hasta en el corazón del más recto, más que ser fanático, es amor, principios; el fútbol siempre va más allá, la magia del deporte rey, lo puede todo.