Javier Romero, historia de un futuro vinotinto

Miguel Andrés Santana. La sangre roja que corre por sus venas va mucho más allá de una identificación color pasión. Javier es solo un niño, pero su alma es la de un hombre que sueña en grande y tiene estirpe sureña. Asciende genéticamente del país de los vinos y sueña con vestir la vinotinto. Marcelo, portentoso y habilidoso jugador del Real Madrid, es el punto de referencia inmediato para darle concepto al juego que practica, pero se identifica en justa dimensión con Ricardo Rodríguez, lateral izquierdo del Wolfburgo. Aragüeño de nacimiento y aguerrido por convicción, su norte se llama grandeza y camina hacia esa dirección. De momento, trabaja con la intención de sorprenderse a sí mismo cada día, contando con el apoyo de quienes le rodean en todo momento. Proceder de una familia futbolera, a fin de cuentas, hace las cosas sencillas.

Su padre, chileno y su madre, venezolana amante del balompié, lo han criado en un mundo con forma de balón. Atrás no se queda su hermano menor, barcelonista hasta los tuétanos. Por muchos años la Casa Portuguesa del Estado Aragua ha sido su segundo hogar, principalmente porque en este recinto deportivo con sede en La Morita, ha confeccionado sus sueños con cada pegada a la amiga que nunca lo abandona: una pelota. Ser futbolista profesional es su meta más importante desde que tiene uso de razón, pero sabe plenamente que para materializarla deberá esforzarse al máximo. Por ello, es un obseso de la preparación.

“Mi papá es mi principal ejemplo a seguir y fue él quien me inculcó esta pasión. Los dos jugamos en la misma posición e intercambiamos conceptos permanentemente. A los tres años comencé a jugar en el equipo de San Ignacio, para después pasar a mi actual institución, en la que he podido desarrollarme en aspectos relevantes para un futbolista que está en crecimiento, pero sé que pronto tendré que dar un salto de calidad para iniciar el camino a ser profesional, que es mi deseo más importante”, confesó.

Romero exhibe que dentro de su repertorio en resolución, la vocación ofensiva es una de las cualidades que lo identifican. Ser un defensor con proyección al ataque, sin dejar de convertirse en un elemento de rápido retroceso hace que interprete al fútbol como una exigencia continua. Por ello, en su retina aglutina momentos imborrables, como una final ganada ante Monagas cuando representaba al Estado Aragua en el Campeonato Nacional categoría 2001 el año pasado. Fueron los entrenadores de su misma entidad quienes consideraron que no estaba apto para formar parte del equipo principal e iría a la reserva. Fue él quien con un gol en semifinales despachó aquellos que decidieron no tenerlo en cuenta. Cosas de la vida.

“Habían tantos jugadores que decidieron hacer dos selecciones estadales. Una estaba compuesta por quienes estaban llamados a ser titulares y en la otra estaba compuesta por los que no eran tomados en cuenta para la principal. Con mucha humildad y respeto acepté la decisión que tomaron, así como también celebré el título obtenido. En el fútbol, perdiendo también se puede ganar”, agregó el defensor.

A sus 15 años, su currículo en forma de tacos tiene plasmado apariciones en certámenes nacionales, campeonatos regionales y Liga Gran Maracay. También ha sido visto con especial atención por quienes quieren cazar su talento y cuando mira por televisión los Suramericanos de las categorías Sub.17 y 20, sabe que en algún momento será parte de la historia. Javier es silencioso, sabe esperar sus momentos y demuestra con creces sobre el escenario que está hecho para las horas pequeñas, cuando debe aparecer.

“Los que más se esfuerzan en lograr las cosas son los que más éxito tienen. Cuando tomé la decisión de ser profesional en mi disciplina lo hice sabiendo a qué me iba a enfrentar y estoy dispuesto a dejarlo todo. Sé que esto se trata de constancia, disciplina e inteligencia. Todos los días, al salir de clase, entreno con un coach la parte física, para después esforzarse en lo futbolístico. También observo mucho los sistemas de grandes entrenadores mundiales, para tener capacidad de interpretación”, aseveró “Javi”.

Soñando con el futuro, la confección de una carrera perfecta tiene como punto de partida debutar en Primera División con Aragua Fútbol Club, la escuadra de sus amores en suelo vinotinto, para luego emigrar a zona austral para enfundarse la histórica franela del equipo Universidad de Chile, para así sentarse en el mismo camerino donde una vez estuvo el histórico Marcelo Salas. Si el destino lo respalda, jugar en Europa sería una fantasía en forma tangible, pero para ello entiende que lo primero es situarse en el aquí con ahora para empezar a recorrer las canchas de una nación que le ha visto nacer y trascender.

“Hace poco tuve la oportunidad de entrenar con el Aragua y fue una experiencia extraordinaria. He recibido invitaciones para entrenar con algunos clubes del país y en su momento deberé tomar una decisión que me permita avanzar en lo que quiero. Uno siempre quiere estar con el equipo de su zona, pero cuando piensas como profesional tienes que ser abierto a cualquier posibilidad que se presente”, explicó el atleta nacido en Maracay en relación a los objetivos que tiene apuntados con su mira precisa.

Las dedicatorias de una estrella que empieza a resplandecer tienen destinatarios: Rodrigo y Mavel, sus progenitores. Para ellos todo, como parte de un efecto recíproco, porque sus padres representan un motivo de por vida, que lo han apoyado hasta las últimas consecuencias en aras de cumplir un cometido.

“Mis victorias y derrotas también son de ellos. En mi casa se respira fútbol y solo nosotros sabemos cuánto nos hemos esforzado por llegar hasta aquí. Sigo a muchos jugadores importantes del mundo, pero mi papá es el que más admiro y mi mamá es alguien que siempre está conmigo. Las palabras no van a alcanzar para decirles cuánto los quiero, pero con hechos espero demostrar todo esto”, finalizó.