Lino Alonso, líder y formador hasta la eternidad

Comunicaciones Zulia Fútbol Club. El fútbol venezolano y sudamericano lloran su partida. El cielo recibe con pleno júbilo a un hacedor de futbolistas por excelencia, el formador del balompié criollo por antonomasia. Un líder, un maestro, un obseso de la pelota, que dedicó su vida entera al Deporte Rey. Reconocido por su afanosa labor en el descubrimiento del talento local, por muy recóndito que este se encontrase, y su posterior aprovechamiento para la consecución de los primeros grandes logros del fútbol en Venezuela, Lino Enrique Alonso Pérez,  nacido en Orense, Galicia, el 6 de junio de 1956,  fue uno de los principales artífices de despojarle a la Vinotinto su categorización de “cenicienta” dentro del continente americano.

Venezolano como el que más, pese a nunca haber perdido ni un ápice de su muy particular acento, ni haber consumado su nacionalización, Alonso fue un hombre de principios y convicciones firmes, influenciador universal, cuyo legado trasciende a toda clase de entendimiento para las precedentes y posteriores generaciones. “Influir sobre una persona es transmitirle nuestra propia alma”, decía el escritor y poeta irlandés Oscar Wilde. Sin duda alguna, el Profesor Alonso transformó vidas y tocó a muchas personas a su paso, a través de su indiscutido liderazgo. La gloria deportiva vivida no se compara con la gloria eterna que le aguarda, ocupando un sitial de honor en el Olimpo del deporte en Venezuela.

Entre sus lauros más sonados como DT destaca el cetro del Campeonato Centroamericano y del Caribe de 1998 en el “Pachencho” Romero. Además de conducir a una generación que marcó época, se erigió como el único estratega de la Selección Nacional en toda su historia en acabar un torneo invicto, con una soberbia cifra de 29 goles en seis compromisos, todos contados por victoria.

Max Webber, filósofo alemán, decía que “el poder es la posibilidad de imponer la voluntad de uno sobre la conducta de otros”. La inyección del gen ganador en el ADN de los jugadores patrios no se entiende sin el aporte del gran Lino. Cambió el verbo “competir” por “trascender”, ubicándose a las puertas de los primeros Mundiales de las categorías Sub-20  -en el Sudamericano de 1997 en Chile quedó a dos puntos- y Sub 17 -en el Sudamericano de 2001 en Perú quedó a un solo gol-.

Líder de un semillero inagotable

Más allá del Centroamericano de 1998, único título para una selección nacional masculina junto al de 1982, la principal medalla que se le cuelga a Don Lino radica en su capacidad de trabajar con las categorías menores. Por ser pionero en la planificación, en el trabajo metódico y estructurado en el fútbol menor para dar el primer gran salto en la formación de futbolistas jóvenes en el país. Instaló a Venezuela por vez primera en territorio inexplorado: en las rondas finales de los citados campeonatos Sub-20 (1997) y Sub-17 (2001). Su última presentación como timonel de las inferiores del combinado patrio fue en 2009, al mando de la Sub-15, en Bolivia, justamente la nación en la que ha dado su doloroso “hasta pronto”.

Su romanticismo por el fútbol fue lo que le hizo llegar a donde otros no pudieron. Incansable como muy pocos, recorrería miles de kilómetros en horas interminables de autobús para encontrar el talento oculto, en canchas enclavadas en los confines del territorio nacional, en sitios remotos en los que nunca nadie imaginó hallar la semilla futbolística nacional que hoy día florece sin cesar.

Con las Selecciones Nacionales de Menores en lo macro de su intachable trayectoria, su impacto como formador también se reconoce en instituciones como el Fray Luis y el Santo Tomás de Villanueva, en Caracas. Alonso también pasó por clubes criollos como el Galicia en los 90, y el Carabobo FC, con el que logró clasificarse a la Copa Sudamericana a mediados de la década pasada.

Este ejemplar gallego, sagaz, de carácter recio y dueño de un agudo sentido del humor, mantenía la supervisión del programa de desarrollo del Zulia Fútbol Club, institución de la que fue partícipe vital de su salto de calidad cuántico en los últimos dos años, y asistía a César Farías, para quien siempre representó un padre futbolístico, en el The Strongest de Bolivia, equipo con el que se tituló en 2016.

Junto con Farías vivió los mejores pasajes de la Vinotinto de mayores, incluyendo el recordado cuarto lugar de la Copa América 2011, siendo más que su mano derecha, un guía en todos los ámbitos. Si de Selección de Mayores se trata, Alonso también llegó a dirigir un cotejo oficial de la Selección Adulta, en 1995, ante Bolivia, un país que, por coincidencia o no, une varias aristas de su estrella.

Es difícil encontrar una persona que haya entregado más al fútbol nacional, de manera tan efectiva como camaleónica. Entrenador, formador o dirigente, Alonso siempre encontraba la palabra justa, el consejo preciso, siempre con carácter, dejando enseñanzas significativas. Fue el padre de cientos de jugadores venezolanos que brillaron y brillan, Juan Arango entre los más destacados.

Todos ellos le recuerdan con cariño, con el apodo de “Tigre”, tal como él solía llamarles siempre, quizá consciente que cada tigre resulta único por el patrón de sus rayas, como únicas son las cualidades de un futbolista dentro del campo.

El periodista zuliano Humberto Perozo Suárez, en una entrevista publicada en 2012, desnudaba parte de la filosofía de trabajo de Alonso. “Siempre trabajé con una esperanza, con un optimismo. Aquellos momentos no nos dejaron cicatrices, sino cosas positivas, veo que cada vez podemos incorporar más recursos, optimización. Ahora los escenarios están más cerca de la población; no hay que atravesar la ciudad, cualquiera puede entrenar en canchas de grama artificial, todos sin distinción, se abren escuelas… yo estoy muy contento”, expresó.

Su valorable contribución llevó a la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol) a otorgar un reconocimiento a su carrera en 2012, cuando ejercía como Director de Desarrollo de la Federación Venezolana de Fútbol.

La irreparable partida de Alonso no ha dejado indiferente a ninguno. En nombre de los futbolistas criollos, el propio Arango ha sido uno de los que le ha despedido públicamente: “El futbol venezolano y cada uno de sus jugadores, tanto los que juegan en el fútbol local como los que están afuera, tenemos un agradecimiento hacia ti porque creíste en nosotros”, dijo el capitán de Zulia FC. Hoy el fútbol nacional, y particularmente el Zulia Fútbol Club, viven un profundo duelo por su inesperado adiós… ¡Vuela alto, como tu espíritu, Profesor Lino!