Silvana: “Siempre me incliné por el área de la salud”

Miguel Santana-Prensa Metropolitanos FC. Las nubes grises ya no dan espacio al sol, y el último rayo de la tarde se despidió con la llegada de Silvana, quien sobre la raya le ha ganado el pulso al tiempo, llegando primero que un torrencial aguacero que hizo estragos sobre la Universidad Santa María de Caracas. Su voz autorizada emite vivencias en forma de consejos, porque llevar consigo el placer de guiar a los niños más pequeños de la escuela violeta, la convierte en guía del futuro, pero esta historia comienza con la asunción de un rol protagónicamente silencioso, cuya efectividad da créditos al éxito sin mayor exposición. Arón es el apellido de la joven nutricionista capitalina, que sigue siendo jugadora en ratos libres y todavía no olvida la experiencia que significa haber representado a Venezuela en el Mundial Femenino Sub.17 del 2010, que se llevó a cabo en Trinidad y Tobago, donde el sueño de crecer comenzó a tomar figura. 

Son las 3:15 de la tarde, pero las gotas que se abrazan al suelo y una profunda oscuridad hacen creer que el anochecer está más cerca de lo acostumbrado. Entre tanto, la estela de una sonrisa al servicio del recuerdo exhibe síntomas de felicidad absoluta, porque estar ligada al fútbol le alegra una vida que ha transcurrido entre parpadeos. Todas las decisiones que ha tomado giran en torno al balón y trabajar con un cuerpo técnico fuera de Venezuela se convierte en su deseo más inmenso, pero ahora es cuando quedan pasos por dar en dirección a materializar sus anhelos.

Con el primer charco frente a sí, su reflejo la transporta en retrospectiva al comienzo. Hija de un futbolista, el deporte rey corre por sus venas, por lo que emular a quien le inculcó amor por la disciplina más practicada a nivel mundial fue la característica más frecuente de una infancia llena de canchas e inocencia. Fue por ello que estudió una carrera estrechamente ligada al universo deportivo, para así poder transitar de forma permanente la galaxia del esfuerzo sincero, amor y sudor por una causa. 

“Siempre me incliné por el área de la salud y ser nutricionista me permitiría estar ligada a la disciplina deportiva que más amo, porque el fútbol es mi vida. A finales del 2016 Metropolitanos me dio la oportunidad de formar parte de esta institución y no dudé ni un segundo en aceptar”, detalló la caraqueña. 

Sigue lloviendo y Silvana continúa riendo. Con gusto se refiere al papel protagónico del sexo femenino al derrumbe de prejuicios y tabúes deportivos. “El fútbol es un deporte machista y en el caso de las nutricionistas, nosotras tenemos que pesar a los hombres y ese trabajo se hace con ellos vistiendo solo ropa íntima, pero la madurez profesional mostrada por quienes estamos en este grupo nos ha hecho ganarnos el respeto de todos y un lugar especial en la institución”, agregó. 

Su labor va de la mano con la función ejercida por el preparador físico, encargado de supervisar que se cumpla al pie de la letra las dietas exigidas. En tiempos de escases, importante es reinventarse para que los jóvenes atletas estén bien alimentados y así poder rendir a plenitud de condiciones dentro de cada campo. 

“Trabajar con tantos deportistas te obliga a conocerlos y concentrarte más en quienes individualmente requieran especial atención. Generalmente, los técnicos de las diferentes categorías me solicitan informes para saber cómo están sus dirigidos, y si quienes cumplen todo a cabalidad tienen más posibilidades de crecer en todo sentido, porque eso es parte de la formación integral”, aseveró. 

Una hora pasó como si fueran 60 segundos seguidos. La amena conversación continúa y el cielo vinotinto abre espacio a la vida. Hace más frío que al inicio y quien fuera dirigida por el panameño Kenneth Zseremeta no oculta su alegría por la actualidad del balompié femenino venezolano, porque ver a tantas niñas creciendo como parte de un fenómeno que nació a partir de la difusión mediática y apoyo prestado a las selecciones menores confirma que por fin puede ver lo que tanto quiso vivir. Deyna y compañía cosecharon lo que muchas sembraron.  

“Representar a tu país es algo indescriptible, pero ver que estas muchachas han tenido éxito y que eso contribuyó a la masificación del fútbol femenino es la culminación de un objetivo por el que se tiene años trabajando. Siempre hubo talento en nuestro país, solo que ahora está mejor trabajado”, explicó. 

Entrenadora de pequeñas promesas, el cumplimiento de una doble responsabilidad le hace disfrutar con emoción cada día. Unos pequeños campeones siguen sus instrucciones, como alumnos devotos de su maestra. Al final, todos disfrutan.

La principal fuente de energía reaparece en el ocaso de su rutina, y no quiere despedirse sin antes alumbrar el camino de una soñadora que a casa regresa. Silvana trabaja y el tiempo conspira a su favor, rindiéndole honor a una valiente guerrera.