Silvia Sánchez, la guerrera vinotinto

Miguel Andrés Santana. Año bisiesto y de grandes acontecimientos, el 2004 trajo consigo un calendario especial en la vida de una joven atleta. Mientras los jefes de la Unión Europea firmaban el Tratado de Roma; se inauguraban las Olimpiadas de Atenas; Grecia se hacía de elogios mundiales por la consecución de su primera Eurocopa; y Michael Schumacher ganaba su séptimo y último título como campeón de la Fórmula Uno, Silvia corría con pelota dominada mientras demostraba sus habilidades innatas para jugar fútbol.

Representando al Club Ítalo de Valencia, su pasión la convirtió en devota del juego sagrado, entregando lo mejor de sí en cada presentación. Fueron tan buenos aquellos días, que el inminente llamado a formar parte de la Selección de Carabobo confirmó el buen momento de una deportista que se esforzaba al máximo.

A la par de aquellos hechos, otra historia daba forma a su curso en maneras reales. Alessandro Nesta, mítico defensor italiano, se acreditaba la coautoría del arte que supuso saber defender, teniendo como cómplice de vida al inagotable Paolo Maldini. El AC Milán se mostraba ante el mundo como un equipo poderoso, que perdió una inolvidable Liga de Campeones contra Liverpool, para luego tener revancha.

Carabobeña de nacimiento, Sánchez hizo de Valencia el epicentro de su objetivo y sin querer, pero queriendo, le anotó un gol al destino en su incesante búsqueda de éxito. Es estudiosa nata y por ello precisa de cada circunstancia hipotética, ya que abrir paso a la improvisación le hará encontrarse en desventaja. Siempre ha sabido lo que quiere, pero prefirió que el destino se encargase de guiarla sin miedo.

“Crecí en una familia grande y llena de deportistas. Mi hermano jugó tenis desde muy temprana edad, y ahora se desempeña como entrenador del mismo deporte. Mis primos practicaron béisbol, y desde pequeños se nos inculcó la cultura del trabajo duro y la dedicación para lograr las metas. Desde niña me sentí identificada con la práctica del deporte, pero el fútbol fue el que llamó más mi atención”, destacó.

Entre aulas, con libros en su morral y una inmensa necesidad de aprender, avanzó en dirección a la salida de su zona de confort. Dos veces solicitó la Visa Americana de Estudiante y en igual cantidad de oportunidades le fue negada, pero Sánchez no sabe rendirse y en condición de turista tuvo su primer contacto como académica foránea. Cambiar de estatus era solo un paso que dio antes de ver finalizado aquel gran objetivo.

“Cuando me gradué en el Colegio Los Robles, salí de Venezuela con la intención de estudiar inglés y aprender el idioma, porque eso para nosotros es una tradición. Tras aprenderlo, regresé al país queriendo especializarme y ser una profesional exitosa, pero al cabo de un tiempo volví al exterior a seguirme preparándome”, agregó la venezolana, quien desde Estados Unidos demuestra la calidad del sello en forma de Salto Ángel.

“Aquí tenía un inmenso abanico de posibilidades y contaba con el apoyo de mi abuelo, quien pagó mis estudios. Estudié Comunicación Social y me gradué en 2013, para luego hacer un master en la Universidad Internacional de Florida (FIU) y posteriormente aplicar en búsqueda de una oportunidad de trabajo que, gracias a un amigo, me fue concedida en calidad de pasante con el equipo Miami F.C.”, explicó. No habría pago, pero las ganas de mostrar su calidad le permitieron hacer caso omiso a cualquier circunstancia adversa, pues Silvia mira siempre el lado positivo de las cosas y fue esa misma actitud la que le permitió pisar y avanzar con seguridad.

Haciendo las veces de mundo, el balón giró e hizo que dos personas se encontrasen, porque los sueños son tejidos con hilos de grandeza producto del esfuerzo sincero. Ella, una exitosa periodista y gerente de logística; Nesta, un entrenador que hoy en día da sus primeros pasos, son parte del Miami F.C., escuadra que intenta despegar con determinación hasta afianzarse como conjunto referencia del balompié americano.

“Todo comenzó con un correo electrónico que envié. Ellos me entrevistaron y aceptaron como voluntaria, para después pasar a formar parte del Departamento de Medios y Relaciones Públicas”, aseveró. Su ascenso a Coordinadora de Comunicaciones no tardó en llegar, para posteriormente encargarse de la Administración de Operaciones del equipo, siendo pieza clave en su club, que lleva consigo como a un sentimiento en forma de diminuto carnet y así identificarse ante el mundo como responsable de buenas logísticas implementadas.

Recordando los años en los que corría por la finca, donde forjó sus sueños, realiza entonces una retrospectiva en el reencuentro con aquella niña que se transformó en guerrera. Enamorada de la llanura venezolana, visionaria en la construcción de un futuro colectivo, sueña con saltar el charco y pisar Europa para trabajar con un equipo reconocido.

Silvia se pone de pie y aplaude la labor realizada por las venezolanas quienes con dignidad representaron al país en los últimos dos Mundiales Sub-17. Deyna Castellanos es alguien a quien pronto espera conocer para saber de su vida, porque a la distancia siempre está pendiente de los que cerca del Mar Caribe se quedaron.

“Cuando yo jugaba no había tanto apoyo económico y mediático para el futbol femenino, así que me contenta que ahora nuestras muchachas sean tomadas en cuenta como merecen. Ellas son un orgullo para todo el país”, exclamó.

En 1994, Estados Unidos organizó un Mundial de Fútbol y con la creación de una Liga Profesional comenzaron a mostrarse los cimientos de una base sólida para los días en curso, porque la Major League Soccer es un destino que cualquier futbolista anhela tener.

“Aquí se manejan cuantiosas sumas de dinero, pero lo más importante es que el atleta que viene a jugar a Estados Unidos en sus últimos años, todavía se siente figura, porque son valorados y muy bien mercadeados”, dijo la profesional Vinotinto al otro lado del hilo telefónico.

Landon Donovan, David Beckham, Cuauhtémoc Blanco, David Villa, Giovani Dos Santos, Kaká y más recientemente Bastian Schweinsteiger, se iluminaron con la bandera de 50 estrellas para incrementar la calidad de un espectáculo puro. Silvia también lo hace, pero a su estilo.

“Disfruto mucho todo lo que hago, porque para mí el fútbol significa más que un motivo. Es increíble lo que un deporte puede representar en la vida de un ser humano, y cuando sientes pasión y vas hacia adelante, no existe nada imposible”, ratificó. A su lado ha contado con la presencia de profesionales referentes en el universo venezolano, como su amiga “Meche” Celta y el representante FIFA, quién fue su entrenador y mentor en el Club Ítalo, Sebastián Cano.

De la joven campeona, a una gerente con clase, hay años de experiencia y garantía con vivencias que le permitieron retarse a sí misma mientras salía airosa ante cada reto. Silvia Sánchez Celis y su inolvidable 2004 levantando el trofeo con su club, dan forma a un momento atesorado en fotos. Ahora está cerca de su ídolo Nesta, y de lo que una vez, sentada frente al arco, fue simplemente un suspiro al aire libre.