Arana, historia de un entrenador

Miguel Andrés Santana. Del diamante a la arena se lee Arana, apellido del mítico jugador al que las circunstancias del destino hicieron entrenador. En La Victoria nació su primer triunfo, cuando descubrió tener habilidades para ser un segunda base que brillase en el plano internacional, pero esa ciudad aragüeña también ha supuesto su zona del reinicio. Dentro de la Casa Portuguesa del Estado Aragua lo conocen por ser, antes que nada, una persona entregada y apasionada hacia el ejercicio de su labor, para después referenciarlo como un maestro de calidad comprobada. Sus pupilos siguen al pie de la letra cada instrucción, siempre sabiendo que la intención de exigir se traduce en tener buena salud y mejor vivir.

Con un bate en su poder, cada pelota tenía destino desconocido. Su talento era natural, como la capacidad de correr al robo de una base. Aragüeño de nacimiento, hizo del béisbol una razón de vida, aunque esta ruleta rusa hiciera de él una historia para contar. En Los Ángeles, un prospecto de buenas condiciones aguardaba pacientemente su oportunidad de dejar en alto los colores venezolanos en la gran carpa y al frente de Omar Vizquel, tenía tantos sueños como las manos de seda del ahora técnico de Venezuela. En una infructuosa relación de unir caminos, poco faltó para rubricar su nombre en un acuerdo con Petroleros de Cabimas y aunque los Leones del Caracas abrieron sus puertas al joven camarero, la diosa fortuna tuvo intenciones antípodas al objetivo de esta estrella.

“Las cosas no se me dieron como quería y aunque viví grandes experiencias, el no haber podido llegar a donde pensé iba a estar terminó siendo para mí un punto de inflexión. Abandoné a este deporte para siempre y empecé a dedicarme a lo que ahora significa mi motivo de lucha diaria: entrenar a las personas en procura de encontrar una buena calidad de vida. De un acontecimiento que te marca para siempre puedes sacar algo positivo”,explicó.

Han pasado 31 años desde que dio aquel paso. La transición tenía como intención ser un preparador físico que demostrase destreza conduciendo grupos y Puerto Rico sirvió como primer escenario para comenzar a especializarse en la adquisición de nuevos conocimientos, para así poder regresar a su tierra natal como un guerrero renovado, con una nueva visión y propósitos diferentes a aquel muchacho que una vez soñó en grande.

En el último suspiro que daba la década de los 80, Venezuela empezó a contagiarse con la modalidad de gimnasios nuevos, esto como parte de una cultura procedente de Norteamérica. Entendiendo que existía una gran oportunidad para demostrar en su país lo que aprendió en otras latitudes, Nélson pisó suelo patrio con una misión encomendada: orientar a quienes querían entrenar en el hallazgo de una mejor forma. Fue entonces cuando sirvió de precursor en la utilización de técnicas novedosas que dieron de hablar.

“Que las personas puedan convertirse en seres funcionales e integrales es lo que más me motiva a dar lo mejor de mí cada día. Todo tiene una razón y es importante entender el por qué nos ocurren ciertas cosas. Entrenar no solamente sirve para olvidarnos de los problemas, porque también permite encontrar una forma en pro de nuestra salud. Hacer deporte es decirle sí a la vida y sentirte bien contigo mismo”, agregó.

Que el club luso-venezolano esté lleno de gente con cultura deportiva se debe a la semilla que Arana sembró, cuando tiempo atrás instaló equipos en una comunidad que por décadas lo ha visto crecer en la asunción de roles protagónicos. Primero, como dueño del recinto donde todos se reunían para poner a prueba sus capacidades; luego, haciendo las veces de entrenador y después de haber tenido una nueva pasantía por tierras foráneas, está de vuelta para continuar colaborando con quienes lo miran desde el respeto y admiración que merece.

“Soy un afortunado de poner hacer lo que me gusta y trabajar con gente buena. Creo en Venezuela y considero que en este país hay muchas personas talentosas quienes pueden colaborar para que juntos salgamos adelante por un mejor mañana. Para mis amigos del club no tengo sino palabras de agradecimiento, porque me han permitido ser parte de esta hermosa historia”, agregó el trainer, especialista en sacar máximo provecho de las condiciones atléticas.

Si Dios dispuso de un nuevo camino y propuso que aquel estuviera direccionado en función de ayudar a los demás, la decisión del beisbolista tuvo sentido. Pasarán los años y el cuento del talentoso atleta tomará fuerza en cada testimonio de quienes lo aprecian en la cercanía. Pudieron haber sido muchos cuadrangulares conectados, pero ver a tantas personas felices y realizadas, supone el justo equivalente a un inmenso grand slam.