Redacción – Pasión X El Deporte | 23 de junio 2025
En el firmamento de la NBA, un nuevo astro ha emergido con un brillo que evoca a las más grandes luminarias. Shai Gilgeous-Alexander, aunque con solo 26 años, ha grabado su nombre en la historia al liderar a Oklahoma City Thunder hacia su primer campeonato y alzarse con el codiciado MVP de las Finales. Esta gesta no es solo la culminación de una campaña excepcional, sino el presagio de una carrera destinada a redefinir la excelencia en el baloncesto.
Ya fuera en el atronador Paycom Center, donde la afición lo elevaba con cánticos de «MVP» que crecían noche tras noche, o en los escenarios más hostiles de la liga, Gilgeous-Alexander brilló con luz propia. Su impacto trascendió las fronteras de Oklahoma, dejando una huella imborrable en cada arena que pisó.
El séptimo partido de las Finales, donde el Thunder selló su victoria 103-91 sobre los Pacers para asegurar el trofeo Larry O’Brien, fue un testimonio de su grandeza. Shai desplegó una actuación magistral: 29 puntos, 12 asistencias, 5 rebotes, 2 tapones y 1 robo. Una exhibición deslumbrante que, para él, fue simplemente una noche más en la oficina. Esta hazaña lo sitúa en un olimpo exclusivo, uniéndose a leyendas como Jerry West, Walt Frazier, James Worthy y LeBron James como los únicos jugadores en registrar al menos 20 puntos y 10 asistencias en un Juego 7 de las Finales de la NBA.
La capacidad anotadora de Gilgeous-Alexander es prodigiosa. En cuatro de los siete encuentros de las Finales superó los 30 puntos, y a lo largo de estos playoffs, logró 15 partidos con 30 o más unidades. Esta marca lo emparenta con un cuarteto histórico: Michael Jordan (1992), Hakeem Olajuwon (1995) y Kobe Bryant (2009). Además, en la temporada 2024-2025, Shai y Michael Jordan (1990-1991) son los únicos en la historia en anotar 20 o más puntos en 95 partidos de una sola temporada. Una estadística que fusiona el presente con la inmortalidad.
Pero Shai Gilgeous-Alexander no es solo un depredador ofensivo; es un defensor implacable, una cualidad que comparte con íconos como Jordan y Kobe. Comprende que la victoria se construye en ambos lados de la cancha. En un sistema defensivo hermético, donde sus compañeros se lanzan con fervor sobre cada balón, Shai también aporta su físico. Se atreve a enfrentar a rivales de mayor envergadura, roba balones y ejecuta tapones cruciales. Es una estrella que prioriza el sacrificio colectivo, un eco de la filosofía de Michael y Kobe.
Su huella defensiva en el Juego 7 fue innegable: un tapón a Tyrese Haliburton en el primer cuarto, un robo a Obi Toppin en el tercero, y una defensa asfixiante sobre Pascal Siakam. Estas acciones, a menudo eclipsadas por el brillo ofensivo, son la prueba de su compromiso integral con el juego.
Por todo esto, el premio MVP de las Finales trasciende el reconocimiento a su liderazgo ofensivo. Es el galardón a un jugador completo, cuya influencia se extiende a cada faceta del baloncesto. Desde que la NBA instituyó el premio MVP en la temporada 1955-1956, solo cuatro jugadores, incluyendo a Shai en este glorioso 2025, han logrado la triple corona: ser campeones, máximos anotadores y MVP en la misma temporada. Una lista que lo une a Lew Alcindor (Kareem Abdul-Jabbar) en 1971, Michael Jordan en cuatro ocasiones (1991, 1992, 1996, 1998) y Shaquille O’Neal en 2000.
Shai Gilgeous-Alexander no solo ha llegado; ha conquistado. Su reinado como MVP omnipresente apenas comienza.




